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Ponencia de la Delegación de Paz de las FARC-EP [VIDEO]: Movimientos sociales y participación política en Colombia

Movimientos sociales y participación política
Ponencia leída por Laura Villa [VIDEO y transcripción]

por Delegación de Paz de las FARC-EP


La nuestra no es una propuesta acabada y única, sino un aporte al debate fraterno y constructivo que debe darse al interior del campo popular colombiano. Está entonces abierta a los aportes de todos los movimientos sociales, políticos y comunitarios que son bienvenidos. Para nosotros, una verdadera participación política se da con democracia real, de base. En la construcción de ella, sabemos que nos encontraremos todos los que ansiamos y combatimos por un país distinto. La iniciativa está abierta, bienvenidos todos los aportes.


Transcripción de la ponencia presentada por Laura Villa, de la Delegación de Paz de las FARC-EP:
La siguiente es una ponencia en la que queremos expresar algunas opiniones acerca del tema de los movimientos sociales y la participación política.
Movimientos sociales y resistencia guerrillera:
Los movimientos sociales se han convertido durante la última década en un determinante factor dentro de la vida colombiana. La andanada de acciones antipopulares y entreguistas de los 8 años de Uribe, se tradujeron en la multiplicación y convergencia de las luchas de los sectores que constituyen el campo popular colombiano. Es así como en la última década hemos asistido a movilizaciones masivas de campesinos, indígenas, estudiantes y trabajadores, así como al resurgimiento o aparición de importantes luchas urbanas, juveniles, culturales, de género, y de reivindicaciones de derechos políticos, económicos, sociales, sexuales y reproductivos. La multiplicidad de expresiones de resistencia ha mostrado que nuestro pueblo está presto para la lucha; que la resistencia popular no se amilana a pesar del Terrorismo de Estado y las mentiras de los grandes medios. La heterogeneidad y diversidad de las expresiones de lucha no es algo negativo, por el contrario es necesario reacción a las distintas injusticias sociales que existen en nuestro país. Injusticias que se convierten en razones para organizarse y luchar. A la importancia de lo anterior hay que sumarle que los movimientos sociales colombianos se encuentran transitando por el camino de la Unidad (...) A pesar de las múltiples diferencias, las organizaciones han comprendido que la vía para la superación de las injusticias, pasa por la búsqueda de horizontes conjuntos entre todos los oprimidos. De esa manera, se han iniciado procesos tan interesantes y representativos como la MANE, que gracias a la unidad y movilización estudiantil lograron mostrar la fuerza del sector en contra de los procesos de privatización, la CONAP, los intersindicales por la rama de industria, las asociaciones de desplazados, la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos, el Movimiento nacional por la salud, el COMOSOC, La Mesa de Unidad Agraria, diversas asociaciones campesinas, las Zonas de Reserva Campesina, ANSORC, la Ruta social común, y otras iniciativas por la paz y los DDHH, estos son el mejor síntoma de que la unidad del campo popular es posible, y será realidad.
Ha existido cierta tendencia intelectual que considera que las expresiones armadas de la resistencia popular, como en nuestro caso las FARC-EP y el ELN, serían contrarias a los movimientos sociales: se trata de teóricos que pretenden desconocer los procesos históricos que han dado origen a las guerrillas, y que bajo la fraseología postmoderna, en muchos casos estipendiada, anhelan dividir al pueblo
Desde las FARC-EP, tenemos más que claro que nuestro camino revolucionario es convergente con el que se han trazado las diferentes expresiones de los movimientos sociales. Veamos por qué:
La versión oficial de la historia del conflicto colombiano presenta a las guerrillas revolucionarias como implante foráneo de la guerra fría, nada más alejado de la realidad: las guerrillas en Colombia son la manifestación de la no resolución de la cuestión agraria (...) La latencia de un mundo rural pleno de contradicciones sociales y la inexistencia de unos mínimos democráticos es lo que da sustento al surgimiento de un movimiento campesino, al que no le queda otro camino que el desarrollar la guerra de guerrillas. Después de agotar todas las vías pacíficas, la insurgencia armada es entonces movimiento social y popular en armas.  
En la historia y en el cuerpo programático de los guerrilleros y las guerrilleras de las FARC-EP, nunca se ha considerado que el tránsito de Colombia hacia la democracia y el socialismo se derive únicamente de la actividad militar de la resistencia popular; y hemos sido conscientes de que será la movilización intensa de las masas a partir de la unidad de todo el campo popular, la que impondrá los cambios que el país requiere. Y por ello mismo las FARC-EP se imbrican y retroalimentan de las múltiples luchas que libera el pueblo.  
Esto puede demostrarse en dos vías: en la llegada a las filas guerrilleras de compañeros y compañeras provenientes de organizaciones populares de masas, a quienes sólo les quedaba la vía guerrillera para poder continuar desarrollando la actividad política y conservar la vida. Algunos ejemplos: el camarada Raúl Reyes, proveniente del sindicalismo del sector alimentario, el camarada Hernando Gonzáles Acosta, importante líder estudiantil y juvenil, y el propio caso de nuestro comandante Manuel Marulanda Vélez, representante de la resistencia del campesinado ante la violencia oficial, entre otros muchos.
En la imbricación del accionar de los frentes y columnas guerrilleras con la movilización popular en las distintas áreas del país, las unidades farianas participan del amalgama de expresiones de descontento popular. Esa unidad entre el movimiento social civil y el movimiento social armado es la principal garantía para el desarrollo de la guerra de guerrillas. Dice una vieja máxima de la lucha popular: guerrilla aislada del pueblo, no sobrevive; y pueblo sin resistencia armada es masacrado. En conclusión, para las FARC-EP, los movimientos sociales y la resistencia guerrillera son expresiones organizadas de un mismo pueblo, que se complementan y retroalimentan dentro de un mismo campo popular.  
Movimientos sociales y Participación Política:
Los medios masivos de comunicación han desbocado una fuerte campaña de desinformación acerca del pasado Foro de Participación Política, llevado acabo en la Universidad Nacional, sede Bogotá, el pasado 28 de abril 2013. Según ellos, el objetivo de éste era discutir la manera sobre cómo los farianos y farianas entramos a pelear curules parlamentarias en nuestra, supuestamente, “inminente desmovilización”. El absurdo de tal afirmación, repetida miles y miles de veces en la radio, la televisión y las redes sociales era evidente.
El intenso batallar político militar de las FARC-EP no busca nuestra cooptación bajo el podrido modelo electoral y representativo existente en Colombia.
No hemos hecho inmensos esfuerzos al lado de nuestro pueblo durante décadas y se han sacrificado vidas tan valiosas como las de nuestros camaradas, Alfonso, Raúl, Mariana Páez, Jorge, Lucero Palmera, Cristian Pérez, Iván Ríos y millares de compañeros más, simplemente para terminar apoltronados en ese establo parlamentario, que cada día se encuentra más desacreditado frente a nuestro pueblo. Quienes desdibujan nuestras intenciones altruistas demuestran no sólo su interés en sabotear la Mesa de Diálogos en la Habana, sino que tienen una miopía política evidente: la de considerar las elecciones de la democracia burguesa como forma única de acción política y de democracia posible.
Las FARC-EP insistimos en la necesidad de abrir un debate intenso y masivo sobre las formas de participación política en Colombia. Pues estamos convencidos de que en nuestro país no existen garantías para que el pueblo se manifieste en las instancias presuntamente participativas y representativas. Esto se sustenta en la práctica sistemática de la eliminación selectiva de los líderes populares, de oposición o demócratas, por parte del Estado. La sucesión de mártires de nuestro pueblo es enorme, pero para este caso nos puede bastar con citar algunos ejemplos: Rafael Uribe Uribe y Jorge Eliécer Gaitán, representantes de las reservas democráticas del liberalismo de base; los candidatos presidenciales de la Unión Patriótica, Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Osa; el presidente nacional de la UP, José Antequera; los candidatos de alternativas a la Colombia ultramontana Carlos Pizarro y Luis Carlos Galán; el vocero oficial del PCCML y el EPL; durante el dialogo nacional Oscar William Calvo y el secretario general del PCC Manuel Cepeda Vargas, y dos de sus secretarios de organización Teófilo Forero y Miller Chacón; y miles de dirigentes hombres y mujeres del movimiento sindical, cívico, barrial, agrario y estudiantil, dan cuenta de que en Colombia son perseguidos y exterminados los liderazgos de oposición al régimen.
El gobierno Santos no es ajeno a dicha herencia: la desaparición reciente de los líderes de la restitución de Tierras en Córdoba, Urabá y Sucre, las amenazas al movimiento sindical, y la persecución al periodismo crítico dan muestras de que en poco, o en nada, cambia la respuesta terrorista oficial al disenso y a la oposición. A esto a hay que sumar la existencia de un entramado jurídico administrativo que aumenta y reproduce la naturaleza asimétrica del régimen político. Las talanqueras para la participación, veeduría y gestión de los sectores populares dentro de las decisiones del país, hacen que éstas resulten prácticamente negadas.
A eso referimos las FARC-EP cuando hablamos de participación política en la mesa de diálogos: Colombia requiere de un edificio institucional y jurídico que sea realmente democrático, en el que el pueblo participe y mandate sus derechos y exigencias. De allí que insistamos en una Asamblea Nacional Constituyente que de participación a todo el pueblo movilizado: a los movimientos sociales, organizaciones políticas, plataformas de DDHH, víctimas, y cómo no, la las expresiones armadas de la lucha popular.
La nuestra no es una propuesta acabada y única, sino un aporte al debate fraterno y constructivo que debe darse al interior del campo popular colombiano. Está entonces abierta a los aportes de todos los movimientos sociales, políticos y comunitarios que son bienvenidos. Para nosotros, una verdadera participación política se da con una democracia real, de base. En la construcción de ella, sabemos que nos encontraremos todos los que ansiamos y combatimos por un país distinto. La iniciativa está abierta, bienvenidos todos los aportes. Y sobretodo bienvenido el accionar creciente y decidido del pueblo movilizado, que el últimas será el único capaz de transformar la realidad de injusticia que nos agobia, estableciendo la Nueva Colombia con justicia, libertad, igualdad, y ahí sí una paz estable y perdurable.”

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