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Libro valeroso de un pensador perseguido por el terrorismo de estado


Por Renán Vega Cantor



Reseña de "Las FARC-EP (1950-2015): Luchas de ira y esperanza", de Miguel Ángel Beltrán Villegas, Ediciones Desde Abajo, Bogotá (2015)
Libro valeroso de un pensador perseguido por el terrorismo de estado


“Protestar es negarnos a ser reducidos a cero y a que se nos imponga el silencio. Por tanto, en cada momento que alguien hace una protesta, por hacerla, se logra una pequeña victoria. El momento, aunque transcurra como cualquier otro momento, adquiere un cierto carácter indeleble. Se va y sin embargo dejó impresa su huella”.
John Berger
 
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Escribir se convierte en un acto de rebelión si se hace contra las corrientes dominantes y contra el orden establecido, y máxime cuando se escribe soportando la persecución o desde la cárcel. Si se escribe en condiciones tan adversas se mantiene la rebeldía y la insumisión, puesto que uno de los objetivos supremos del Terrorismo de Estado radica en eliminar las voces y las plumas críticas, bien mediante la cooptación o recurriendo a la intimidación y al silenciamiento brutal. El propósito es claro y de tinte fascista, como lo evidencia el ejemplo de Antonio Gramsci, a quien el fiscal que lo acusaba quería impedir que su cerebro funcionara durante veinte años. Como se sabe, tal propósito fue en vano, porque, entre los barrotes y la censura, aquél produjo una de las obras intelectuales y revolucionarias más importantes del siglo XX. Miguel Ángel Beltrán, en la estela de Gramsci, no ha renunciado a lo que mejor sabe hacer: pensar y escribir, y por ello nos ha entregado en los últimos seis años una trilogía desde la cárcel. Crónicas del “otro” cambuche, La vorágine del conflicto colombiano. Una mirada desde las cárceles y ahora Las FARC-EP (1950-2015): luchas de ira y esperanza, obras que constituyen el legado rebelde de su producción intelectual.


El tema y el enfoque de este último libro ya es un acto de rebelión, a lo que debe agregarse que allí se presenta una visión crítica, alternativa, seria, rigurosa y documentada sobre un hecho crucial en la historia contemporánea de Colombia, sobre el cual se han erigido unas “verdades” oficiales que aparecen como indiscutibles por parte de la academia, y que en estos tiempos es necesario empezar a desmontar y a criticar a fondo, porque poco ayudan a la construcción de otra Colombia. Esas mentiras, convertidas en verdad de tanto ser repetidas, se impusieron a rajatabla durante el malhadado período 2002-2010, cuando los intelectuales orgánicos del régimen vendieron la idea de que somos una “democracia asediada” por el “terrorismo” y por eso había que apoyar al cruzado de la guerra, que se presentaba como el nuevo mesías que venía a salvar al país e iba a derrotar a la insurgencia en un lapso de seis meses.
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PLAN COLOMBIA, PLAN DE RECOLONIZACIÓN. Por Renán Vega Cantor.

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Por Renán Vega Cantor I Abril de 2016I

El 4 de febrero pasado se reunieron en Washington Juan Manuel Santos y Barack Obama, para conmemorar los quince años de puesta en marcha del mal llamado Plan Colombia, un verdadero programa de recolonización de nuestro país por parte de los Estados Unidos. Si, la recolonización a doscientos años de la primera independencia es lo que ha significado el mencionado plan y eso fue lo que celebraron con bombos y platillos los amos y sus lacayos. No de otra forma pueden entenderse las palabras, plenas de sumisión y entreguismo vergonzoso de Juan Manuel Santos, cuando afirmó: “Hoy es un día para agradecer. Hoy vuelvo a Washington para dar las gracias al pueblo y al Gobierno de los Estados Unidos por el apoyo que han dado a Colombia en los últimos 15 años, y para proyectar nuestra cooperación en los años que vienen”.



Programa contrainsurgente

Desde el momento en que se concibió el Plan Colombia en 1999, durante el segundo mandato de Bill Clinton (1991-1999), quedó claro que este era un programa contrainsurgente, cuyo objetivo principal consistía en fortalecer las fuerzas represivas del Estado colombiano, seriamente debilitadas por los golpes de la insurgencia de las FARC en la segunda mitad de la década de 1990. Mientras se efectuaban los diálogos en el Caguán, el gobierno del conservador Andrés Pastrana, como éste lo ha reconocido después, impulsaba una reingeniería de las Fuerzas Armadas, con la finalidad de sabotear esos diálogos y asumir una nueva fase de la guerra, de tierra arrasada, bajo la tutela de los Estados Unidos. 

El Plan fue elaborado en los Estados Unidos, tanto que su redacción original fue en inglés, y en su aprobación desempeñaron un papel principal los productores de armas y artefactos bélicos, puesto que ellos serían los principales beneficiarios, como en efecto lo han sido, de la “ayuda” militar de los Estados Unidos. 

Debe resaltarse el carácter contrainsurgente del Plan Colombia, aunque en principio, antes de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, se le presentara como un instrumento en la lucha contra el narcotráfico. A su vez, la política contrainsurgente, en la que coincidieron los cipayos criollos y sus amos estadounidenses, se convertía en el medio para recolonizar a Colombia. Esto es necesario recalcarlo, porque a quince años del comienzo del Plan Colombia, gran parte de los balances lo siguen examinando como si hubiera sido diseñado para enfrentar la producción y comercialización de narcóticos. Quienes se centran en este asunto señalan que ha sido un fracaso, porque en Colombia se sigue produciendo cocaína que fluye rauda hacia el exterior. Esto es desviar la atención sobre la magnitud de los crímenes que se derivan de la aplicación del Plan Colombia, un resultado directo de la contrainsurgencia y de la nueva colonización. 

En el caso de la “guerra contra las drogas”, es dudoso suponer que a Estados Unidos le interesa que se acabe la oferta de narcóticos, ya que eso es un pretexto permanente que justifica sus intervenciones en diversos países del mundo (Colombia, México, Afganistán, para recordar algunos de los ejemplos emblemáticos). Por ello, no sorprende que luego de quince años Colombia siga siendo el primer productor mundial de cocaína y los negocios alrededor de la misma se hayan expandido por el sur y el centro del continente. 

La trampa analítica consiste en aceptar que el Plan pretendía solucionar el problema del narcotráfico, lo que es quedarse en el terreno de las apariencias, sin ir al fondo de la cuestión, y creer a pie juntillas lo que literalmente se dice en los documentos del Plan.

La guerra, pasado y presente de nuestra historia. - El fin de la guerra o el fin de la insurgencia (parte II)

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Por Matilde E. Trujillo Uribe I

Segunda parte: La guerra, pasado y presente de nuestra historia

En la Colombia de hoy, la paz y la guerra se enredan en las telarañas de las palabras. Las conversaciones entre el gobierno y las Farc-ep, se  deslíen en un entretejido de finísimos hilos que terminan afianzando la ponzoña urdida por las elites gobernantes: aplastar la rebelión. Se va acatando y admitiendo que los hombres y mujeres que en legítimo derecho a la rebelión se alzaron en armas contra el opresor, son los delincuentes y los criminales y que quienes han ejercido la más brutal violencia sobre el pueblo, son los paladines de la paz y la democracia.

Entonces y para no condenarnos por la fiebre del olvido, hemos de recordar nuestra historia. La historia nos entrega las claves para descifrar la guerra que hoy vivimos, la manera como ha sido ejecutada,  el autor de esta guerra, la forma en que se conectan y se relaciona los hechos y otros enclaves más. Lamentablemente no pudiéndome extender en ella, algunos trazos contribuirán a develar esos enclaves. 

Desde el mismo comienzo de la llegada del invasor español, hace mas de 500 años -cuando nuestros ancestros raizales no sospechaban la guerra que les esperaba- se urdió desde el llamado mundo antiguo, el vasallaje, el sometimiento y la más cruel barbarie que dio inicio, a esta historia de sangre dolor y sojuzgamiento que hoy vivimos. La búsqueda de oro y plata fue el motor central de la conquista. Y así empezó la historia de las infamias, del saqueo y el despojo de nuestros territorios.

¿De cuál guerra están hablando? El fin de la guerra o el fin de la insurgencia - (primera parte)

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Por Matilda Trujillo U I Abril de 2016I

La guerra y la paz han sido tema de la literatura, del cine y de otras expresiones, e igualmente de complejos estudios sociales y políticos, por lo que al retomarlos, se siente una, menos que una pulguita tratando de dilucidar el asunto. Ahora sin embargo, en el contexto de los diálogos o conversaciones entre el gobierno y la insurgencia en nuestra Colombia herida por la guerra, y por el anhelo de paz, son de cotidiana mención. Desde ese latir, quiero exponer algunas consideraciones y compartir una reflexión, -a la que les invito, sin pretender tener la razón, que prefiero no tenerla. En una segunda parte de este escrito, amplio el tema con cimiente en nuestra historia. 

Temo caer en pecado mortal, cuando lo que se dice desde la mayoría, es contrario a lo que aquí enuncio, por ello de entrada, me veo impulsada a aclarar que no pretendo tomar postura o cuestionar la búsqueda de una salida negociada al conflicto social y armado, es más, válido un proceso en que dos partes enfrentadas a muerte, se sienten en una mesa a buscar dirimir las contradicciones para allegar a acuerdos que permitan superar, de ser posible, este conflicto. Entonces, al tema: así como en algún momento me pregunté*1 y nos preguntamos, de cuál paz estamos hablado? ahora la pregunta que presento a su consideración es: ¿De qué guerra están hablando?

Y es que, en estos momentos de efervescencia y calor, la cruenta guerra que estamos padeciendo, se ha reducido, como por obra y gracia de un maquiavélico jugador de poker, al conflicto armado, entre quienes vienen cometiendo los más horrendos crímenes, usando y abusando del poder, y entre quienes se vieron impelidos a levantarse en armas para defender sus vidas y sacudirse de esta ignominia. 

Un coro, que a mi parecer se va haciendo mustio y vacío, repite sin pausa ni armazón que el fin de la guerra está por llegar, que estamos en un escenario hacia la paz , que nos aprestamos a dar punto final a la guerra, que la guerra como método para alcanzar la paz se encuentra agotada y así proclaman su veredicto: el fin de la guerra y el advenimiento de la paz en Colombia, tras la firma de los acuerdos entre el gobierno y las FARC-EP. 

Y yo me pregunto en medio de mi asombro, pero… ¿de cuál guerra están hablando? Cuando a tiempo en el curso de solo siete días que van del primero de marzo al siete de marzo, fueron asesinados cuatro activistas o líderes sociales*2: ¡Por dios!, cuatro vidas de luchadores populares, gente del pueblo. ¡Carajo! Se está continuando el genocidio “lento”, sistemático y perseverante, ahora nos dice la Marcha Patriótica que les están asesinado su gente de la misma forma y manera*3. Pero eso no es guerra porque ninguno de estos asesinatos es producto del conflicto armado, porque no es producto de combates entre las fuerzas armadas de la republica, del estado colombiano, y la insurgencia. Eso es aparte, eso nada tiene que ver ¿o sí? Díganmelo ustedes para descifrar el enigma, a este paso, vamos a terminar creyendo que el genocidio de la UP, no es un genocidio. Qué desvarío, que atropello a la razón. 

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Paramilitarismo en Colombia: un monstruo de Estado

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Por Jorge Orjuela Cubides   I Octubre de 2015I

En memoria de todos los mártires que ha puesto el Partido Comunista Colombiano y la Unión Patriótica en su búsqueda de la paz, la justicia social y el socialismo.

Colombia atraviesa una coyuntura trascendental. Una vez más nos encontramos en una mesa de diálogos y la posibilidad de una salida política al conflicto armado. Sin embargo, la institucionalidad tiene que afrontar problemas históricos relacionados con la guerra sucia implementada por el Estado, el cual es el principal, aunque no el único, responsable del desarrollo y consolidación del paramilitarismo en el país, bien sea por omisión y/o acción. Así, el presente escrito es una breve exposición histórica de la influencia del Estado colombiano en el desarrollo del fenómeno paramilitar desde los años sesenta hasta hoy.


Los fundamentos de la Doctrina de Seguridad Nacional fueron presentados a los militares en Colombia en un momento en que el ejército atravesaba una fase de reorganización, que “llevó a la formación de la primera brigada móvil de contraguerrilla, compuesta por grupos ágiles, organizados según el esquema de las unidades guerrilleras” (Piccoli, 2005, pp. 61); mientras el nuevo organismo policial, DAS, promovía la infiltración en las filas de los bandoleros y la utilización masiva de informantes.

INDUSTRIA CULTURAL DEL CAPITALISMO- Videojuegos: entre sexismo, maltrato y cosificación

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Por Alba Molina y Patricia Tajuelo, Unidad y Lucha   I Octubre de 2015I

Junto con la música, el cine, la publicidad y los juegos tradicionales infantiles (y no tan infantiles), encontramos una nueva herramienta de vejación hacia la mujer, que son los videojuegos. Un nuevo instrumento que utiliza el capitalismo, de la mano del patriarcado, para continuar implantado el ideal sexista y asegurar que la mujer siga siendo relegada a un segundo plano o maltratada tanto física como psicológicamente.

El “ternurismo” de las FARC-EP

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Por Libardo Sánchez Gómez   I Octubre de 2015I

La “paz”,  vacía de cualquier contenido social, que, aún, se discute entre las FARC y el Gobierno de Juan Manuel Santos y  que está ad portas de concretarse en la “mesa de sometimiento” en La Habana, nació como un anzuelo, para apuntalar su reelección,    así lo  entendió todo el mundo menos las FARC quienes  lo mordieron  y quedaron enganchadas para siempre.

El punto final de la lucha armada que se avizora en la “mesa de sometimiento” de La Habana (¿victoria,  derrota, cansancio?) por parte de las guerrillas colombianas, por ahora de las FARC, el ELN está haciendo fila para entrar al proceso,  tiene y tendrá en el futuro mediano múltiples explicaciones o interpretaciones las cuales son difíciles de precisar, por lo tanto no son objeto de este escrito.  Pero en cambio sí es dable pasar la vista de reojo sobre los     desarrollos  y,  probables,   resultados de dichas conversaciones entre  FARC - Gobierno.  ¿“Mesa de sometimiento”? La  plena aceptación por parte de   los insurgentes de las líneas rojas    trazadas por   la oligarquía así lo indica; da la impresión que  las FARC-EP actúan con afán y como si   hubiesen sido derrotados en el campo de batalla.  De las posiciones altivas iniciales de los rebeldes ya no quedan sino ecos inaudibles. Sus líneas rojas, una tras otra,  han sido borradas y reemplazadas por los infranqueables muros rojos del Gobierno. Comenzaron aceptando  que  ellos  no son ni  han sido víctimas del régimen inhumano y criminal sino crueles victimarios. Así mismo,  del “no pagaremos un solo día de cárcel”   pasaron a  negociar algún cómo y cuándo someterse a los caprichos jurídicos de la burguesía.  Y   el grito de “tierra para el que la trabaja” quedó atrapado en una de las tantas  “salvedades”, línea roja no negociable   por parte de la oligarquía agraria.

1.500 PRESOS POLÍTICOS COLOMBIANOS EN HUELGA DE HAMBRE CONTRA LA TORTURA: ¡QUE SEAN ESCUCHADOS! (VIDEO-Comunicado)

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Por Prisioneros Políticos y de Guerra Colombianos / Corporación Solidaridad Jurídica   I Octubre de 2015I

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Nota de contexto por OjosparalapazColombia-

Hay en Colombia más de 9.500 presos y presas políticas, sufren tortura y negación de asistencia médica como manera de empujarlos a la muerte, malviven en condiciones de hacinamiento inhumanas. El Estado colombiano encarcela a sindicalistas, documentalistas, estudiantes, artistas, campesinos, maestros, luchadores sociales, bajo montajes judiciales; esto con la finalidad de reprimir la lucha social y política. Los presos políticos de guerra son las y los insurgentes capturados, sometidos a penas de cárcel desproporcionadas, tratos crueles y tortura. 

Como expresa el preso político Miguel Ángel Beltrán: (...)"Es necesario que el Gobierno reconozca que en Colombia si existen prisioneros políticos (...) que se expida una amplia amnistía para todos los presos políticos. El Estado Colombiano debe reconocer que en el enemigo militar hay un adversario u opositor político como presupuesto para buscar salidas negociadas al conflicto. El tratamiento de simples delincuentes -“amenaza terrorista”- a los integrantes de la insurgencia cierra los espacios para plantear diálogos coherentes.
La búsqueda de salidas políticas al conflicto social y armado que vive el país desde hace más de medio siglo pasa por admitir que las organizaciones insurgentes colombianas NO son agrupaciones terroristas sino ejércitos insurgentes con un programa político nacional de hondo contenido social, cuyas filas han sido engrosadas por sectores perseguidos por la violencia estatal y víctimas de la exclusión social".

Es imposible hablar de paz, si el propio Estado no da las condiciones de participación política sin sufrir encarcelamiento político, desaparición forzada o exilio forzado. La agresión permanente del Estado en Colombia se traduce en exterminio político: en esas condiciones solo se puede hablar de 'la paz de los cementerios'; cuando la verdadera paz es otra: es la paz con Justicia Social y sin Terrorismo de Estado.

+ Info en sección Presos Políticos

Los presos políticos y las mentiras oficiales del Estado colombiano

1 comentario:

Por Miguel Ángel Beltrán Villegas / Uldarico Flórez / María Esther Rojas Z  I Octubre de 2015I

El 22 de mayo de 2009 fue secuestrado en México del profesor Miguel Ángel Beltrán Villegas quien fuera judicializado y privado de su libertad por su pensamiento crítico. Tras dos largos años de un juicio político colmado de irregularidades y en el que se le mantuvo injustamente recluido en un pabellón de alta seguridad, el profesor Beltrán fue absuelto de todos los cargos que se le imputaron, entre ellos el de “rebelión” y “concierto para delinquir con fines terroristas”. A propósito su más reciente judicialización Miguel Ángel Beltrán en coautoría con el abogado defensor de derechos humanos Wldarico Flórez y la estudiante de la licenciatura en Educación Comunitaria de la Universidad Pedagógica Nacional, María Esther Rojas, ofrecen esta reflexión sobre el delito político en Colombia y la situación de los prisioneros políticos en las cárceles del país.

LUCERO PALMERA: BELLÍSIMA GUERRILLERA COLOMBIANA

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Por Alirio Córdoba / Anncol.Eu   I Octubre de 2015I

Hoy, cuando ya no está físicamente con nosotros, Lucero sigue siendo, como será en la Colombia Nueva un símbolo de mujer luchadora, digna continuadora del ejemplo de las Juanas que integraron el ejército libertador en la inolvidable gesta de la primera independencia; de esas libertadoras que agarradas a grupa del caballo de los libertadores atravesaron el páramo de Pisba para vestirse de gloria en Boyacá.

“. . . pero en su celda se cuela, la luz que lejos expide un lucerito caribe, que lo sueña entre palmeras…” (De la canción El Tigre playonero, del cantautor fariano Cristian Pérez).
La conocí a mediados del año 1990 en su natal Becerril. Rebelde, desbordante de energía y vitalidad, amante de la cultura y el deporte; ingeniosa y optimista contagiaba con su alegría y belleza perijareña cada espacio donde actuaba. Le decíamos “La Toya”, un apelativo relacionado con su nombre de pila: María Victoria Rubio Hinojoza.

Cuando estalló la huelga estudiantil en el Colegio bachillerato Julio Cesar Turbay de Becerril, donde estudiaba, ella y un grupo de jóvenes inquietos y comprometidos con su época, jugaron un destacado papel de liderazgo y dirección del movimiento estudiantil, terminando por ser reconocidos y perseguidos como revoltosos por los organismos de inteligencia; No era habitual que en un pueblo tan pequeño, donde los días transcurrían tranquilos y sus gamonales sólo hablaban de las “bondades” que traería a futuro la explotación de las minas de carbón, un puñado de jóvenes adolescentes desafiara las normas y disciplina oficial, alzando su voz contra la corrupción administrativa, la mediocridad de la educación y el déficit presupuestal.


Yo había terminado los estudios secundarios en el Colegio Nacional Loperena y me había trasladado a Becerril (Cesar) a ayudar en el impulso del movimiento político Unión Patriótica que había logrado elegir alcalde y cuatro concejales en ese municipio, entre los que sobresalía el fogoso y carismático dirigente popular Alexis Hinestroza, asesinado años después delante de su familia en el corregimiento de Estados Unidos, por el paramilitarismo de Estado. De Alexis recibí la misión de acompañar la lucha de los estudiantes del colegio Turbay y así entre reuniones y mítines conocí a “La Toya”, quien al ingresar a las filas guerrilleras adoptaría el nombre de Lucero Palmera.

Proceso de paz, lucha de clases y las batallas del 'postconflicto'

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Por José Antonio Gutiérrez D.   I Sept./Octubre de 2015I

La firma de un acuerdo en materia de víctimas en las negociaciones de paz [1], sellado con un simbólico apretón de manos entre el comandante máximo de las FARC-EP, Timoleón Jiménez, y el presidente Juan Manuel Santos ha dado mucho que hablar y ha llenado de esperanza a amplios sectores en torno al avance del proceso de paz adelantado con los insurgentes en La Habana. Es entendible el entusiasmo de no pocos sectores sociales que ven -¡al fin!- un gesto inequívoco de avance en unas negociaciones que, cíclicamente y en medio del secretismo, parecen estancarse. Hasta se le ha puesto una fecha tentativa, acordada por ambas partes, para la firma de un acuerdo definitivo: el 23 de Marzo. Y se ha dicho que dos meses después, es decir, a finales de Mayo, tendría que estar concluyendo el proceso de dejación de armas por parte de los guerrilleros de las FARC-EP. Este avance, que ocurre a un mes de las elecciones regionales, no está, desde luego, exento de los ritmos y cálculos de la política. 

LA "REPARACIÓN A LAS VÍCTIMAS" COMO UN NUEVO MECANISMO DE DESPOJO

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Por José Antonio Gutiérrez D.   ISeptiembre de 2015I

El Estado colombiano ha tenido, históricamente, dos mecanismos principales para despojar al campesinado de sus tierras: el crédito extorsivo y la violencia, tanto oficial como paraoficial. Ahora, el gobierno capitaneado por Juan Manuel Santos ha agregado un nuevo mecanismo a este repertorio. Ese mecanismo es la utilización perversa de la legislación sobre las víctimas. Éste consiste en quitar sus posesiones a pobres que, supuestamente o en la realidad, se hayan beneficiado por acciones de la insurgencia, y entregarlas al Fondo de Reparación de las Víctimas. Mientras tanto se le quita a los pobres, no se ha tocado a uno sólo de los ganaderos ricos y terratenientes que han acumulado más de 7 millones de hectáreas robadas a sangre y fuego al campesinado durante las últimas tres décadas. Para estos latifundistas y agroindustriales, el gobierno ha inventado el eufemismo de “ocupantes de buena fe”. La buena fe, se sabe, es patrimonio de los ricos; los pobres siempre actúan de mala fe.

Dos casos demuestran esta peligrosa tendencia. Por una parte, está la situación de cerca de 280.000 hectáreas en partes de los llanos del Yarí, San Vicente del Caguán y parte de Cartagena de Chairá (Meta y Caquetá) que serían, según las autoridades, fincas de las FARC-EP, compradas o adquiridas en territorios baldíos, actualmente en manos de testaferros [1]. Con total desparpajo, la estridente periodista española Salud Hernández, apologista del uribismo (y del paramilitar Carlos Castaño) [2], ha distorsionado la realidad colombiana al punto de hacerla irreconocible, afirmando, sin siquiera sonrojarse, que las FARC-EP, y no su círculo de asociados políticos, serían los terratenientes más grandes de Colombia [3]. Esto, en un país en el cual, según el Censo Agropecuario, el 41% de las 113.000.000 de hectáreas censadas, se encuentran en manos del 0,4% de los propietarios, mientras que el 70% de las Unidades de Producción Agropecuaria tiene menos de 5 hectáreas, ocupando apenas el 5% del área censada [4]. Con asombro, vimos un sensacionalista capítulo de “Los Informantes” en el cual se hacía un “reportaje” sobre las supuestas fincas de los insurgentes, así como la presunta utilización de indígenas en el área para hacerse de territorios. En él, entrevistaron a burócratas de toda laya, pero sin embargo, no se entrevistó a uno sólo de los propietarios afectados o a personas de esas comunidades [5]. Así de prolijo es el mediocre periodismo colombiano. Estas tierras, curiosamente, están en territorios que han sido solicitados para prospección petrolera [6].

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